Estados Unidos es un país en crisis; para muchos, es una potencia en declive; para otros, está colapsando. El país está sumamente polarizado en términos culturales y políticos. Hay una administración que genera incertidumbre para el statu quo nacional, en especial el institucional. Algunos incluso opinan que el presidente Donald Trump está atacando la república estadounidense, aunque no necesariamente su democracia (Schettino, 2025). Todo esto se suma a otras cuestiones que generan preocupación en el ámbito económico. Por un lado, la clase media ya es, en algunos sentidos, inexistente y existen múltiples presiones socioeconómicas sobre la población, lo que agrava los problemas. Por otro lado, está la deuda pública que aumenta drásticamente y preocupa a muchos.
Esto se da en un escenario internacional altamente convulso, con una guerra en Ucrania —otra en Oriente Próximo— que no termina y una China que, para algunos, como Blanchette (2025) y Czin (2025), está logrando avances diplomáticos y comerciales significativos en el mundo, a medida que Estados Unidos se repliega del Sistema Internacional. Algo que también está ligado al ámbito doméstico. Sin embargo, existe una explicación cíclica que ayuda a comprender por qué el país se encuentra en diversas y adversas dificultades estructurales. Después de todo, el país simplemente atraviesa otro ciclo, como muchos otros.
Crisis cíclicas
Todos los países del mundo funcionan a partir de ciclos. Cada determinada cantidad de años, que suele ser de décadas o de siglos, un país entra en crisis. Los sistemas previos, que habían resuelto crisis pasadas, empiezan a desgastarse, lo que conduce a un colapso o a una revisión y reevaluación necesarias. Esto llega a reajustes estructurales que se dan en medio de procesos dolorosos e incluso a generar sufrimiento y desesperación.
Ciertamente, hay países que pueden resistir mejor que otros. Hay algunos que atraviesan crisis profundas con mayor frecuencia que otros. Estados Unidos es uno de esos casos. Pero, en particular, se debe reconocer que Estados Unidos es un país especial, porque su identidad y sociedad pueden reestructurarse de formas que, para otros, resultan mucho más difíciles; en todo caso, sus reconfiguraciones sistémicas son más intensas y profundas. Algo que explica su resiliencia y sus constantes cambios.
Ciclos socioeconómicos y ciclos institucionales
En Estados Unidos, Friedman (2020) ha identificado dos tipos de ciclos, extraños por su exactitud matemática, algo que no se repite en otros países, como México, al menos con la misma frecuencia y duración. Uno es el socioeconómico que determina qué modelo social y económico será predominante durante 50 años. Por el momento, en Código Nexus se ha identificado solo una versión adicional de estos ciclos, por lo que existen tres: generación de riqueza, distribución de riqueza y estabilización. Estados Unidos no ha experimentado un ciclo de estabilización; por lo tanto, excluiremos esa versión de este análisis. El otro ciclo es el institucional; dicta la estructura y el papel del gobierno federal respecto a algo en el país durante 80 años, ya sea su sociedad, su economía u otro ámbito nacional, cada uno marcado por crisis profundos y ligado a una guerra. Cabe destacar que ambos ciclos siguen las tendencias geopolíticas.
El primer ciclo institucional estableció el gobierno federal tras la conclusión de la guerra de independencia estadounidense en 1776. El segundo ciclo institucional se consolidó 80 años después, tras la Guerra Civil, en la década de 1860, fortaleciendo al gobierno federal por encima de los Estados, uniendo las regiones dispersas e imponiendo una realidad económica, social, política y militar al país. El tercer ciclo, iniciado 80 años después, en la década de 1940, y propulsado por la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial, transformó la relación del gobierno federal con la sociedad y la economía nacional. Este último ciclo es el relevante porque dio vida a la tecnocracia en Estados Unidos, destruyendo los remanentes del sistema de convivencia previos llamados ‘party bosses’ o jefes de partido.
80 años después, este sistema tecnocrático está entrando en crisis. Su objetivo era abrir más las instituciones a distintas clases socioeconómicas, como la G.I. Bill, con la que los veteranos ingresaron a las universidades elitistas de Harvard, también buscaba integrar a diversos grupos raciales y étnicos en la identidad estadounidense, principalmente a los negros (Friedman, 2020). No obstante, el régimen se ha comenzado a desgastar bajo su propio peso. Se ha vuelto demasiado tecnocrático, es decir, complejo en su estructura y en su función, lo que dificulta la operatividad estatal y también lo aleja de la población civil. La conclusión de Friedman (2020) es que se necesitaba a un abogado o experto para comprender cualquier aspecto del gobierno, como Medicare. También ha generado una crisis cultural y social. Al no poder integrarse a las diversas clases sociales y raciales, le ha apostado a redoblar sus esfuerzos, llegando a una reductio ad absurdum del progresismo social y rezagando a la clase racial antes dominante, los blancos, en particular la clase industrial.
Regresando a lo económico, el primer ciclo socioeconómico, por razones geopolíticas, tuvo que centrarse en la creación de una economía, ya que la economía colonial había sido previamente devastada por las presiones fiscales británicas y la guerra. Todo el modelo socioeconómico y bancario estaba destinado a priorizar a las élites económicas en la costa, fomentando el comercio. Para la década de 1820, el país necesitaba algo nuevo, el siguiente ciclo socioeconómico necesitaba promover la expansión para que el país sobreviva, de ahí la expansión al oeste y el cambio en el sistema bancario para beneficiar a la clase trabajadora y a los pioneros que iniciaran granjas pequeñas en la cuenca del Mississippi. En ambos sentidos, la política fiscal y el sistema bancario eran determinantes para determinar si se centraba en generar o distribuir riqueza.
Para 1870, este otro modelo se desgastó; la expansión ya no era necesaria y no quedaba dinero que distribuir; tampoco había una economía moderna, por lo que el objetivo del siguiente ciclo fue la generación de riqueza mediante la industrialización. Para la década de 1920, la desigualdad, en la que no existía una clase media, sino una élite económica empoderada con demasiada riqueza, ya no podía sostenerse y un cambio era necesario. Por ende, a partir de 1930 el sistema económico se concentró en reestructurar la economía otra vez para enfocar los impuestos en los ricos y distribuir la riqueza para fomentar consumo. Para la década de 1970, este otro modelo se desgastó; nuevamente, el consumo ya era obsoleto y no había dinero que distribuir; se necesitaba generar.
Es aquí donde llega Ronald Reagan y reajusta todo el modelo socioeconómico, dejando definitivamente atrás a la clase industrial y forzando a la clase media a retroceder frente a la clase tecnológica y a la élite económica. Desde entonces, los ‘tax cuts for the rich’ han dominado la política fiscal y el sistema bancario favorece a las élites económicas. La clase media ya es inexistente, con inmensas deudas en educación, salud y otros ámbitos. Las universidades, instituciones tecnocráticas, se han vuelto a cerrar, ya sea a clases socioeconómicas bajas o a una clase cultural: los blancos de derecha, revertiendo los roles predominantes del siglo XX, sin resolver realmente los problemas.
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, habla con sus partidarios en un mitin «Keep America Great» en el Arizona Veterans Memorial Coliseum, en Phoenix, Arizona (crédito: Gage Skidmore vía Flickr).
La primera fusión cíclica estadounidenses
Es así como hemos llegado al presente. El problema es que, por primera vez, ambos ciclos se han fusionado con crisis en las instituciones, la economía y la sociedad. Aumentando la desesperación y la sensación de crisis —y de colapso—. Es este el panorama que dio lugar a Donald Trump, más específicamente a su presidencia.
Al analizar el panorama, se observan tres crisis en distintas dimensiones. En la primera, está la cuestión racial y cultural; las instituciones se han convertido en campos de batalla ideológicos y culturales. Los negros no se han integrado adecuadamente, lo que ha generado fuertes choques entre la comunidad negra y ciertas instituciones, como la policía. Por otro lado, está el dilema de la sobrecomplejidad tecnocrática. El gobierno federal es demasiado grande con demasiadas agencias y departamentos que se contradicen y se perjudican entre sí. La crisis del 2008 no se vio venir porque no había comunicación entre los distintos departamentos gubernamentales; cada experto se concentraba en lo suyo, sin compartir ni colaborar (Friedman, 2020). La guerra contra el yihadismo internacional también reflejó el desgaste del modelo tecnocrático, generando confusión sobre lo que se busca. Mientras el Pentágono financiaba y armaba a unos grupos, la CIA lo hacía con otros grupos, antagónicos a los del Pentágono. Mientras tanto, las universidades se han cerrado social, cultural y económicamente al pueblo estadounidense otra vez, así como el sistema de salud.
Es por eso que surgió el Departamento de Eficiencia Gubernamental —D.O.G.E. por sus siglas en inglés— que Elon Musk creó. Eso también explica el conflicto dentro del mismo gobierno, ya que Trump intenta reducirlo y simplificar las tareas, aumentar la comunicación y la cooperación, pero también la accesibilidad. Algo que también repercute en la política exterior estadounidense. Todo mientras Trump también intenta responder a los dilemas que aquejan a su base de votantes: la clase industrial. Atacando la migración hispana y buena parte de la retórica en torno a las guerras comerciales, está destinada a prometer soluciones a sus dilemas culturales —los percibidos, mas no los reales— y socioeconómicos. Dentro del panorama también está el conflicto entre Trump y las universidades.
La recuperación y el “resurgimiento”
Donald Trump difícilmente logrará tener algún éxito significativo, más allá de algunos temas institucionales y de política exterior, porque esos, en esencia, no dependen de él ni de nadie, sino de las fuerzas invisibles de la economía y la geopolítica que manejan a los países. Pero Donald Trump es el último presidente de un ciclo socioeconómico, por ende, no puede realmente transformarlo, solo puede atacar algunos de los problemas, pero sin finalizar nada. Todavía no existen las fuerzas estructurales socioeconómicas o institucionales que terminarán con la crisis en el país.
Su temprana y corta alianza con Elon Musk y su política fiscal indican que se alinea con el modelo socioeconómico de Reagan, que seguían Bill Clinton, George Bush, George Bush Jr., Barack Obama y Joe Biden. Trump está “destinado” a seguir los pasos de Jimmy Carter, Herbert Hoover, Ulysses S. Grant y John Quincy Adams. Quien llegue a la presidencia en 2028 será quien realmente cambie al país. Un indicador importante en términos económicos será la política fiscal, probablemente ‘tax cuts for the working’ o ‘middle class’. En el ámbito institucional, el gobierno federal se reducirá y mejorará su funcionamiento, mientras que las universidades —y el sector salud— volverán a ser accesibles.
Pero más importante, será que también empezará a surgir una nueva clase económica y sociocultural, que integrara como nunca antes a los negros, los blancos y otros grupos minoritarios, ya hay indicios de que el conflicto racial está desgastándose en ambos lados, los progresistas y los conservadores, ya hay quienes simplemente buscan identificarse como estadounidenses, nada más ni nada menos. Esa clase votará por el presidente —o presidenta— en 2028.
Referencias
Blanchette, J. (2025, 27 marzo). China Sees Opportunity in Trump’s Upheaval: Beijing’s Strategy for Pursuing a Deal While Managing the Risks of Disorder. Foreign Affairs. https://www.foreignaffairs.com/china/china-sees-opportunity-trumps-upheaval
Czin, J. A. (2025). How Xi Played Trump: Beijing Gambled and Is Now Reaping the Rewards. Foreign Affairs. https://www.foreignaffairs.com/united-states/how-xi-played-trump
Friedman, G. (2020). The Storm before the Calm: America’s Discord, the Coming Crisis of the 2020s, and the Triumph Beyond. Estados Unidos: Anchor Books.
Schettino, M. (2025, 27 octubre). Espejo. El Financiero. https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/macario-schettino/2025/10/27/espejo/


