Después de varias semanas de bombardeos y con la invasión israelita en el norte todavía en desarrollo, el ejército israelita ha decidido expandir su teatro de operaciones al sur de la Franja de Gaza. Israel ha declarado que la Brigada del Norte de Gaza de Hamás ha sido destruida, sin embargo, aún quedan remanentes en el norte de la Franja. La expansión de las operaciones militares de las Fuerzas de Defensa Israelíes (FDI), se dan días después de que se asaltó el Hospital Al-Shifa – el hospital más grande e importante en la franja – y tras haber destruido la mayor parte de la infraestructura en la Ciudad de Gaza y los campos de refugiados en el norte (Federman, 2023). Esta situación y las repercusiones de la expansión militar al sur de la franja podrían crear una crisis humanitaria de grandes proporciones en Gaza. Con la infraestructura sanitaria en el norte demolida, los campos de refugiados bombardeados y las zonas residenciales destruidas, la población civil palestina se encuentra con pocas opciones de a donde ir o como sobrevivir en la franja (New York Times, 2023; Federman, 2023). El gobierno de Israel también ha bombardeado las zonas a donde había sugerido que la población palestina fuera a buscar refugio, como los campamentos cerca del paso de Rafah, y las zonas a donde sugiere que continúen huyendo.
Con esta nueva etapa en la guerra, Israel se encuentra empeorando la situación en la franja para la población civil y se enfrenta a tres riesgos significativos. Uno sería militar, debido a que conforme se incremente el combate urbano y las probabilidades de sobrevivir de la organización política-militar palestina se disminuyan, la confrontación se tornará más violenta para la población civil y los bandos armados (Hamás y el FDI). El otro riesgo sería la posibilidad de que Israel sufra una derrota estratégica, en el sentido político. El último riesgo sería una posible crisis geopolítica en la región como resultado de un incremento drástico en las muertes de civiles y el desarrollo de la guerra. Sin embargo, este último riesgo deberá contemplarse también desde un ámbito político-nacional para Israel, ya que el incentivo para el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, de continuar con la guerra y de prolongar la crisis incrementa conforme los riesgos políticos y jurídicos se le suman al primer ministro israelí.
El riesgo militar
Desde el inicio de la guerra el 7 de octubre, se estima que la cantidad de militantes de Hamás oscila entre 20,000 y 30,000, de acuerdo con fuentes internacionales y de la misma secretaria de defensa israelita (Kirby, 2023; McCluskey et al., 2023). Tomando a consideración que las fuerzas de seguridad israelíes solamente han confirmado un total de 7,000 militantes de Hamás muertos, de acuerdo con Thomas (2023), esto significa que aún quedan aproximadamente entre 13,000 o 23,000 combatientes en el sur y centro de la Franja. Lo que significaría que Israel ha mantenido, hasta el momento, una proporción de un militante por 2 civiles muertos (Kusovac, 2023b)
Esto implica que las tropas israelíes se enfrentarán a un mayor número de combatientes en Jan Yunis (una de las 5 gobernaciones de la Franja de Gaza) y el resto del sur de la franja. Por ahora, de acuerdo con el gobierno israelí, solamente han muerto 139 miembros de la FDI en combate, 20 siendo víctimas de fuego amigo, debido al uso de bombas ‘tontas’ (bombas que no usan tecnología de precisión, sino que son guiadas por las mismas aeronaves que las sueltan sobre los objetivos), las cuales pueden desviarse de su objetivo considerablemente (Kusovac, 2023b). Pero incluso fuentes oficiales señalan que han muerto 472 miembros de la FDI durante la guerra y hay fuentes que señalan que la cantidad de heridos asciende a más de los reportados por fuentes oficiales israelitas, lo que implica que Israel podría sufrir o estar sufriendo mayores bajas en Gaza (Rogers, 2023).
Aunque estos números anteriormente presentados no consideran la cantidad de heridos que tiene Hamás o los miembros que han sido capturados, es poco probable que los militantes de Hamás sobrevivan a sus confrontaciones y es improbable que hayan sido capturados una cantidad importante de militantes. De Luce (2023) comenta que, de acuerdo con el gobierno de Israel, quedan 14 batallones de la organización palestina y que varios expertos creen que Hamás está lejos de una derrota estratégica, lo que alude a que la organización todavía cuenta con un número substancial de combatientes, los suficientes, por lo menos, como para continuar operando.

Foto propagandística de Hamás de uno de sus combatientes con un arma antitanque (Fuente: Hamás vía Twitter)
Indiscutiblemente, las fuerzas israelitas se enfrentarán a una fuerte resistencia de un mayor número de combatientes de los que lucharon en el norte de la franja. Hasta el momento, la baja cantidad de militantes de Hamás presentes en el norte explicaría la sorpresa que recibió el mando militar israelí, de tener solo pocas bajas durante su primera etapa de la invasión de Gaza (Kusovac, 2023a). También se necesitaría tomar en cuenta que el combate subterráneo todavía no se ha manifestado. Israel ha amenazado con inundar los túneles con agua de mar, pero es poco probable que lo haga o lo logre.
Por lo visto, al llevar a cabo el ataque del 7 de octubre y al llevarse rehenes, Hamás tenía dos objetivos, los cuales nos ayudan a entender su actuar durante la invasión. Es seguro que la organización palestina sabía de las consecuencias de realizar un ataque de tal magnitud y brutalidad. Por ende, su objetivo era incitar a Israel a reaccionar brutalmente o, incluso más, con su poder militar superior. Sin embargo, la organización capturó rehenes con el objetivo de evitar un contraataque israelí masivo que amenazará su existencia y, en todo caso, tras cumplir su objetivo, poder negociar una paz con la liberación de rehenes (internacionales y nacionales). Con esto, Hamás aseguro una respuesta israelita que amenazará al apoyo internacional a Israel, pero también evitó su aniquilación. Esto nos demuestra que seguramente Hamás dejo a su suerte a la Brigada del Norte de Gaza, evitando sacrificar demasiadas fuerzas. Lo que respaldaría esta hipótesis sería la duración del conflicto y las pocas bajas israelitas. Es decir, Hamás solamente comprometió los suficientes recursos y hombres para aparentar una resistencia en el norte, pero permitió que su población fuera masacrada por los bombardeos israelitas para lograr convertir a Israel en un estado paria* en la política internacional.
*Un Estado paria es un gobierno cuya conducta, en cuanto a su política exterior, es considerada como fuera de las normas de comportamiento internacionales, es decir es un Estado considerado rebelde ante el sistema internacional.
Hasta ahora, Hamás ha disfrutado de un rotundo éxito en cuanto a su objetivo de fomentar fuertes críticas hacia Tel Aviv y dañar la imagen de Israel internacionalmente. También ha podido sobrevivir, a pesar de la intensidad de la invasión israelita, pero este objetivo se podría volver menos alcanzable con el tiempo, lo que podría cambiar el actuar de Hamás. Parte de su supervivencia dependía de que Israel – al aislarse políticamente – fuera presionado para terminar la guerra o que Israel fuera incapaz de destruir Gaza y aniquilarlos. Sin embargo, los bombardeos israelitas se han intensificado y la retórica se ha tornado más radical por parte de Israel. Esto solo significa que Hamás, al observar el desarrollo de la guerra, con pocas represalias internacionales, poco apoyo extranjero (específicamente de sus aliados como Irán o Hezbolá) y la involuntad del gobierno de Netanyahu de detener o disminuir la intensidad de la guerra (incluso a expensas de los rehenes israelíes), vea menos viable continuar con sus tácticas anteriores para sobrevivir. Incrementando seriamente la probabilidad de que Hamás se torne más agresivo que antes.
Consecuentemente, al enfrentarse a un mayor número de combatientes en espacios más poblados, dado que la población en el sur se ha duplicado con las evacuaciones del norte, el estrés de las fuerzas israelitas seguramente aumentará, lo que podría afectar sus capacidades operativas. Evidencia de que el estrés de los soldados israelíes ya ha llegado a niveles elevados, es el hecho de que hayan matado a 3 civiles israelíes que sostenían una bandera blanca, lo que también indica que hay múltiples problemas de comando y manejo de tropas dentro del ejército israelí (Kusovac, 2023b; Shurafa & Magdy, 2023).
Es probable que Hamás haya aprendido de las tácticas del ejército israelita durante las operaciones del FDI en la Ciudad de Gaza y use ese aprendizaje en contra de la infantería israelita. Inclusive, si es que Hamás se decide por enfrentar al ejército israelí en Jan Yunis y Rafah, lo que, por lo anteriormente comentado, es muy probable, Hamás todavía podría utilizar sus túneles con mayor frecuencia. La organización palestina ya ha publicado múltiples videos en los que sus miembros graban a las fuerzas israelíes dentro de sus campamentos. Incluso, miembros de Hamás han podido realizar múltiples ataques sorpresa dentro de territorio controlado por la FDI y lograron matar a varios altos mandos israelíes de la Brigada de Golani, una fuerza militar de élite dentro del ejército israelita (Rogers, 2023). Esto implicaría que Israel se enfrenta a un futuro escenario en el que sus fuerzas correrán mayores peligros y las bajas podrían aumentar significativamente, especialmente entre oficiales y jefes militares que se encuentren en Gaza.
Hamás no podrá derrotar al ejército israelí en combate y difícilmente causará bajas que asciendan a mil o más, pero la guerra si podría infringir un enorme daño psicológico y generar un dilema sociopolítico dentro del ejército y su relación con el gobierno israelí. Benjamín Netanyahu no es popular con el ejército, la fuerza área o la Mosad (la agencia de inteligencia), especialmente por sus políticas antidemocráticas de hace unos meses y el manejo tanto de la seguridad y la inteligencia previas al ataque como de la actual crisis. A largo plazo, esto llevará a un grave deterioro institucional, incluso el hecho de que múltiples soldados han muerto a manos de fuego amigo, por los bombardeos indiscriminados con bombas tontas, solo afecta las relaciones interinstitucionales israelitas.
Los combatientes de Hamás seguramente continuarán implementando las tácticas que han estado utilizando y buscarán cerrar la distancia con las fuerzas israelíes para disminuir las probabilidades de que utilicen fuego de artillería o misiles para eliminarlos. Lo que solo incrementa los riesgos para las fuerzas israelitas, aumenta su estrés psicológico y su desconfianza en sus altos mandos y en el mismo gobierno israelí. Por lo que, los peligros militares para Israel se manifiestan en dos dimensiones, uno militar y uno institucional.

Imagen de soldados israelitas siendo transportadas en el norte de Gaza (Fuente: Fuerzas de Defensa Israelí)
El riesgo de la derrota estratégica
El secretario de defensa estadounidense, Lloyd Austin, ha advertido que, si Israel continúa con sus bombardeos indiscriminados y sigue causando bajas considerables a la población civil en Gaza, el gobierno israelí se arriesga a “convertir una victoria táctica en una derrota estratégica”, debido a que solamente aseguraría un ataque terrorista en el futuro (Ant & Sguazzin, 2023). Sin embargo, la derrota estratégica de Israel no se limitaría a un ataque terrorista en el futuro, sino se materializaría de múltiples formas, una de ellas siendo una grave erosión institucional, democrática y política interna, lo que perpetuaría la vulnerabilidad israelí frente a futuros ataques, sean terroristas o estatales.
No obstante, para mejor comprender que sería una derrota estratégica israelí, es necesario establecer sus objetivos estratégicos y lo que perdería Israel si sufriese una derrota. Empezando por los fines estratégicos de Israel, siendo el más ambicioso el destruir a Hamás, la organización político-militar que gobierna de manera autoritaria a la Franja de Gaza. El segundo objetivo estratégico sería dejar ingobernable a Gaza. Ambos son difíciles y conllevan serios peligros políticos a futuro.
El primer objetivo estratégico de Israel se topa con múltiples obstáculos, lo que se debe en esencia al carácter político de Hamás. La organización palestina refleja simultáneamente una autoridad estatal al contar con ministerios y con fuerzas tanto pseudo policiacas como paramilitares, y también una organización no-estatal, al tener un carácter insurgente y al adoptar tácticas de guerrilla y terroristas en lugar de convencionales para atacar a sus adversarios y o en su defensa. Tecnológica, económica y militarmente carece de la sofisticación y la capacidad de asumirse como una autoridad estatal convencional. Su habilidad de sobrevivir y de trasladarse – y la manera en la que lo ha realizado – también le dan un carácter más insurgente que estatal. Esto dificulta – más no imposibilita – cualquier intento por destruir a la organización en su totalidad, como se lo ha propuesto el gobierno de Israel.
Como objetivo secundario, Tel Aviv planea dejar ingobernable – o inhabitable*, en su sentido más extremo, a la Franja de Gaza – con su invasión y sus intensos bombardeos. El único objetivo que pudiera haberse creado y que no haya sido perjudicial a largo plazo, hubiera sido desmantelar las capacidades ofensivas de Hamás, las cuales ya ha logrado. Gran parte del éxito del ataque de Hamás en octubre tuvo que ver más con errores de inteligencia y de seguridad israelíes que con la capacidad operativa de Hamás. Claro, Hamás ha mejorado sus capacidades, pero no lo suficiente como para haber tenido un éxito tan rotundo como el del 7 de octubre.
*Aunque retóricamente, el gobierno de Israel no ha expresado que busca desplazar a la población o dejar ingobernable a Gaza, su objetivo tanto de eliminar a Hamás, y posteriormente salirse, como de evitar que resurja una amenaza en Gaza, solo se lograría con forzar una expulsión de la población palestina de Gaza.
Ambos objetivos estratégicos, de carácter militar y político, solo crean más riesgos y desafíos para Israel a futuro que soluciones a sus problemas de seguridad nacional. Los dos objetivos también generarán una cantidad significativa de muertos en Gaza. Si Israel busca eliminar a Hamás y continua con sus tácticas, la guerra podría resultar – mínimo – en la muerte de entre 46,000 o 66,000 civiles palestinos, sin incluir la cantidad de civiles que morirían por falta de servicios (médicos, de agua potable, de electricidad, etcétera) o la hambruna de la que advierte la Organización de las Naciones Unidas (ONU). La destrucción ocasionada también aseguraría una crisis humanitaria duradera en la franja.

Explosión de un bombardeo en la Franja de Gaza el 7 de octubre del 2023 (Agencia Palestina de Información y Noticias (Wafa) en contrato con APAimages vía Wikimedia Commons)
Con una masacre de la población civil en Gaza lo único que busca Israel – en el sentido político – es enfurecer a la población palestina civil, para generar críticas hacia la única entidad político-administrativa palestina que gobierno Gaza y ataco a Israel y ocasionó su brutal respuesta. Diversos reportes comprueban que Hamás se ha vuelto sumamente impopular y que la población palestina en Gaza culpa a la organización por la tragedia que están viviendo. Esto, a largo plazo, podría llevar a la desaparición de Hamás como una entidad capaz de gobernar Gaza, pero, en su lugar – por el actuar de Israel– podría surgir otra organización político-militar que sea mucho más pragmática y calcule mucho mejor sus ataques hacia Israel. Hubiera sido difícil vender una invasión de Gaza y la destrucción de Hamás si sus militantes no hubieran masacrado cruelmente a la población civil israelí a diestra y siniestra. Si se hubieran limitado a destruir la infraestructura de seguridad y a atacar solamente a personal de seguridad – evitando bajas civiles – el gobierno de Netanyahu hubiera sido humillado, pero la población civil israelí no se hubiera aterrorizado y no se hubiera radicalizado con el ataque, el cual no hubiera calificado necesariamente como un ataque terrorista.
Israel arriesga crear uno de dos resultados políticos en Gaza. El surgimiento de una organización más radical y agresiva hacia Israel y su población o el surgimiento de una organización – igual de rencorosa – pero más sofisticada y calculadora que su antepasada. Es por esto por lo que Netanyahu está sentando las bases para que vuelva a suceder otro ataque contra Israel, sea terrorista o simplemente asimétrico. Perpetuando una crisis política que amenace la estabilidad regional y sus relaciones con sus vecinos.
Por otro lado, con el manejo de su invasión de Gaza, su uso indiscriminado de bombardeos en las zonas residenciales palestinas, un alto número de muertes de civiles palestinos, su renuencia a la diplomacia o cooperación y en alcanzar una solución de dos Estados, Netanyahu arriesga debilitar a la Autoridad Palestina en Cisjordania, lo que a futuro pudiera abrir un nuevo frente para Israel. La población palestina en Cisjordania podría presionar para que la Autoridad Palestina abandone la diplomacia y busque atacar a Israel o simplemente podría buscar crear una nueva organización político-administrativa más antagónica hacia Israel en Cisjordania, similar a como sucedió en la Franja de Gaza en 2007. Es por ello por lo que varios analistas como Poast (2023), advierten sobre la necesidad de sincronizar los objetivos políticos y militares en una guerra y los esfuerzos bélicos de un Estado.
De antemano, claramente el objetivo estratégico – del gobierno de Netanyahu – de eliminar a Hamás es alcanzable si las fuerzas israelitas continúan o doblegan su masacre indiscriminada de civiles en Gaza, pero, incluso si lo logran, que es dudoso para algunos expertos, el gobierno arriesga más políticamente, que de solamente detenerse y replantear como continuar con la guerra y su objetivo estratégico. Un importante fracaso político en una guerra podría terminar perjudicando gravemente los esfuerzos militares a corto plazo o la seguridad nacional a largo plazo (Poast, 2023). Sin embargo, las consecuencias no solo afectarían a Israel y Palestina en el ámbito doméstico, sino también tendría repercusiones en el panorama regional. Lo que crearía más problemas diplomáticos y geopolíticos para Israel.
Una derrota estratégica para Israel implicaría que el país creará obstáculos diplomáticamente y así perjudicar su proceso de normalización en Oriente Próximo y el Norte de África, mientras paralelamente asegurar un ataque terrorista (o no convencional) en el futuro. Pero los riesgos estratégicos para Israel no solo se reflejarán en el ámbito doméstico de Israel-Palestina o en el sentido diplomático, sus consecuencias también podrían ser de carácter geopolítico-regional, lo que incrementaría la amenaza a la seguridad nacional israelita y a la estabilidad de Oriente Próximo.

Militantes del grupo paramilitar libanes, Hezbolá, realizan ejercicio de entrenamiento al sur del Líbano en mayo de 2023 (Tasnim News Agency vía Wikimedia Commons)
El riesgo geopolítico-regional
Los peligros geopolítico-regionales a los que podría enfrentarse Israel se manifestarían, de manera individual o conjunta, como el resultado de tres posibles escenarios: el cumplimiento del objetivo estratégico del gobierno israelita por destruir Gaza, una falla de cálculo militar israelí o los objetivos político-personales de Netanyahu. En el primer caso, el desarrollo de la guerra detonaría un peligro geopolítico-regional por su propia cuenta. Pero los últimos dos casos, se desarrollarían tanto por el posible actuar del gobierno israelí durante la guerra contra Hamás en Gaza o por las decisiones de Tel Aviv después de la misma. Cada uno de estos escenarios o hechos crearía una crisis, inicialmente con un actor diferente, pero terminarían generando un peligroso ambiente político en todo el mundo árabe.
Como ya se había mencionado antes, la actual administración del gobierno israelí se ha embarcado en una misión para destruir a Gaza y rendir la franja inhóspita para así, ‘definitivamente’, eliminar la amenaza que representa Hamás o el ambiente político de la franja, el cual forjó a la organización radical palestina que ataco a Israel el 7 de octubre. Para cumplir con este objetivo estratégico, Israel ha creado una crisis humanitaria que ha forzado a la población civil palestina a desplazarse al sur de Gaza. Por el momento, no ha destruido lo suficiente de la infraestructura palestina como para evitar que el norte de la franja fuera a ser repoblada por la población palestina, pero el carácter ideológico y político del gobierno israelita ha dificultado creer en sus objetivos públicamente admitidos y en aquellos que ha negado que existan, como convertir a Gaza en una zona inhabitable.
Inclusive, varias figuras prominentes en la política y el sector de defensa israelí favorecen este objetivo estratégico. Federman (2023) reportó que el general retirado y excomandante adjunto de la División de Gaza del ejército israelí, encargado del Foro de Seguridad y Defensa de Israel, comentó que “muchos palestinos desplazados podrían moverse a las zonas humanitarias que Israel esta estableciendo en el suroeste de Gaza o, mejor aún, al [país] vecino Egipto, [ya que este] es el lugar más seguro para ellos”. El gobierno egipcio también se ha mostrado preocupado por este posible acontecimiento, advirtiendo que, de consumarse dicho objetivo estratégico israelita, el conflicto palestino-israelí se trasladaría a la península del Sinaí, lo que involucraría a Egipto en la disputa y crearía una crisis de seguridad de mayor envergadura que la actual rivalidad entre Israel y Hamás, al enfrentar a El Cairo y a Tel Aviv.
En este caso, el objetivo estratégico israelita crearía una fricción geopolítico-militar directa con Egipto, un país con un considerable poder militar convencional y que representaría una mayor amenaza a la seguridad nacional de Israel que Hamás. Dicho desenlace también aumentaría la gravedad de la crisis regional a una mundial, dado que involucraría la península en la que se ubica el Canal de Suez, una importante ruta comercial internacional.
Asimismo, el gobierno jordano ha expresado su preocupación respecto a los posibles objetivos estratégicos israelitas en Gaza, al especular que el gobierno extremista de Israel, de desear eliminar a Hamás y evitar el resurgimiento de cualquier amenaza en cualquier territorio palestino, podría buscar expulsar a las poblaciones palestinas de Gaza a Egipto y de Cisjordania a Jordania (Kottasová & CNN, 2023). Lo que eventualmente, crearía una crisis sociopolítica en Jordania y dañaría las relaciones entre Israel y un importante aliado en Oriente Próximo.
El siguiente caso, una falla de cálculo militar israelita, sería que el ministerio de defensa israelí actuara en contra de otros actores regionales, como Hezbolá. Hasta el momento, las confrontaciones en la frontera entre Israel y el Líbano, como Siria (donde operan Hezbolá), se han mantenido constantes, pero no han escalado al grado de justificar una guerra total entre la organización político-militar chiita libanesa y el gobierno israelí. No obstante, Tel Aviv podría actuar en base a dos posturas psicológicas-políticas y militares. Una podría ser su temor a sufrir un ataque sorpresa por parte de Hezbolá, el cual sería más desastroso y grave que el de Hamás, debido a las capacidades de la organización paramilitar libanesa, las cuales son superiores a las de la organización palestina. Israel fracasó en responder al ataque de Hamás debido a que no creía que la organización palestina fuera capaz de lanzar tal operativo o arriesgarse demasiado. Subestimó la importancia para Hamás de actuar y perjudicar los procesos de normalización entre el país israelita y los países árabes, específicamente aquel entre Arabia Saudita e Israel.

Batallón Shahar durante la limpieza del norte de la Franja de Gaza (Adarbd vía Wikimedia Commons)
Israel podría temer cometer ese mismo error con Hezbolá y subestimar la necesidad de actuar de la organización ante cualquier circunstancia o evento político en Oriente Próximo. Por ende, podría intentar anticiparse a cualquier ataque de Hezbolá e ir a la ofensiva para eliminar cualquier posibilidad hipotética de un ataque al norte de Israel en el futuro.
Por otro lado, Israel podría actuar desde una posición de empoderamiento y sobreestimar sus capacidades militares. Israel disminuyó su seguridad fronteriza antes del ataque de Hamás y sufrió una grave derrota, pero su invasión ha puesto en evidencia su efectividad militar y su poder. El alto mando militar israelí, y la administración de Netanyahu en general, podrían pensar que tal éxito militar en Gaza podría replicarse en el Líbano o en el suroeste de Siria. No obstante, Hezbolá podría probar ser un oponente más difícil de vencer que Hamás. Cuenta con un mayor número de combatientes, que ascienden a 130,000, y cuenta con suficientes cohetes y misiles para saturar los sistemas de defensa israelitas y seriamente destruir la infraestructura israelí y causar más muertes israelitas con cualquier ataque. A largo plazo, Hezbolá perdería en el ámbito militar, pero el daño que infringiría en Israel sería inmenso y más traumático que el de Hamás.
Esto incluso, dependiendo de su desarrollo, podría incluir a diversos actores, como al gobierno sirio, al gobierno libanés, al gobierno iraní (o a sus proxis) y al gobierno turco. Una invasión israelita del Líbano o Siria crearía un ambiente en el cual las posibilidades de una mayor confrontación entre Israel y otros gobiernos (o potencias regionales) se elevarían dramáticamente. Turquía podría verse obligada a actuar para detener las aspiraciones israelitas e imponer una estabilidad turca en la región, para establecerse como una potencia regional en el Oriente Próximo y evitar que Israel u otras potencias aprovechen diversos panoramas a expensas de Ankara (capital de Turquía). Por otra parte, al atacar a un oponente, que ‘técnicamente’ no había incitado a una respuesta como Hamás, crearía el escenario prospero para que Irán y otras de sus proxis en Oriente Próximo se vean más obligadas o dispuestas a intervenir en contra de Israel. Tal acontecimiento desataría una serie de posibilidades que incrementarían no solo los riesgos a Israel sino a la seguridad regional e internacional.
Por último, también deben tomarse en consideración los posibles objetivos de Netanyahu, que podrían poner a su país en una peligrosa situación. Precisamente, el mayor reto para Israel en medio de esta crisis es manejar su situación política nacional. Una parte importante de la población israelita sujeta a Benjamín Netanyahu como responsable por la gravedad del ataque y su impacto a la seguridad de Israel. Los juicios de corrupción en su contra también se han reiniciado recientemente, lo que aumenta una presión política y jurídica sobre el primer ministro israelí (Halasz et al., 2023). El estado de emergencia declarado tras el ataque de Hamás el 7 de octubre, mantuvo en pausa el proceso jurídico hasta el 1 de diciembre. Tomando en cuenta que a principios del año el país judío se vio envuelto en una crisis sociopolítica, por varias reformas antidemocráticas de Netanyahu, en la cual la Mosad intento instigar protestas en contra del gobierno de Netanyahu y varios miembros del ejército y la fuerza aérea desertaron en protesta o se rehusaban a servir en las fuerzas armadas, la situación se torna algo crítica para el gobierno de Netanyahu y sus aliados políticos. Esto, por sí solo, podría influir en la decisión de Netanyahu en alargar la crisis o crear una nueva. Lo que crea un nuevo elemento que podría influir en los dos casos anteriores y en el desarrollo de la Guerra de Israel-Hamás.
Conclusiones
Israel se encuentra en una guerra que amenaza con empeorar conforme más se alarga el conflicto armado entre el gobierno israelí y Hamás. Ciertamente, los objetivos estratégicos de Israel serán difíciles de cumplir, Netanyahu incluso podría solo declarar misión cumplida si es que las circunstancias lo forzaran o lo favorecieran, pero las probabilidades de que empeoré la crisis se incrementarían y no deberían descartarse. Existen demasiados elementos y actores involucrados en esta guerra que fácilmente podrían contribuir al deterioro de la situación en Oriente Próximo.
Varios países intentarán desarmar la situación o terminar el conflicto por las vías diplomáticas, pero dichas jugadas políticas difícilmente tendrán algún impacto en el actuar de Israel. El gobierno israelita solamente estaría dispuesto a detenerse a menos de que una fuerza interna o externa lo forzara a detenerse. Ambas son serias posibilidades, debido a los contextos domésticos israelitas y el regional. Diversos actores regionales podrían verse obligados a actuar para evitar que la situación se continue deteriorando y siga afectando a la región política y militarmente. Mientras que, dentro del sistema político de Israel, fácilmente podría generarse la presión jurídica, política o incluso militar para forzar a Netanyahu a detener la guerra o su actuar en la misma.
Durante la guerra, pocos trabajos serios y creíbles se han publicado sobre la posible derrota de Israel en la guerra, principalmente por la disparidad de poder entre ambos contrincantes. Alterman (2023) y Rogers (2023) son de los pocos expertos que han hablado de una posible derrota de Israel en la actual guerra. Sus argumentos se centran en los siguientes puntos:
- Hamás planeo la invasión por años y sabia de las consecuencias
- El objetivo de Hamás es desmantelar el apoyo internacional de Israel y convertir al Estado israelita en un paria-político internacional
- Los esfuerzos militares israelitas enfocados en obtener una victoria militar podrían ocasionar una devastadora derrota estratégica y política a largo plazo
Si Israel realmente pierde la guerra, lo cual es probable tanto por la dificultad diplomática, política y militar de eliminar a Hamás y de destruir en su totalidad a Gaza como por los riesgos de cumplir con los mismos objetivos por cualquier vía, entonces el país judío se encuentra en un grave predicamento. Cuando Estados Unidos perdió en Vietnam y, a nivel táctico o estratégico, en otras guerras, el país enfrento serios retos políticos, pero nunca nada que pudiera desatar una seria crisis política interna que dañara la seguridad nacional estadounidense. Sin embargo, cuando la Unión Soviética invadió Afganistán (una nación fronteriza) en 1979, periodo durante el cual se estaba gestando una fricción política entre sus élites, la guerra que se desarrollo causó una crisis de tal magnitud dentro de la potencia global, que terminó con su disolución y la reestructuración del sistema político-económico internacional. En el caso de Israel, país el cual ha invadido un territorio fronterizo y cuya guerra se ha desarrollado desfavorablemente – en medio de una latente crisis política doméstica – y amenaza con infligir una derrota estratégica, se asemeja más al caso soviético que al estadounidense. No obstante, la derrota de Israel no terminaría con una reestructuración del sistema internacional, pero si pudiera significar los inicios de una fuerte crisis interna que podría crear una amenaza existencial para Israel a largo plazo y podría reestructurar el orden o la balanza de poder regional en Oriente Próximo, lo que también afectaría a la seguridad de Israel en el futuro.
Referencias
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